Pregunta a cada persona por separado

Quizá alguien tenga muchas ganas de probar el sumo y otra persona prefiera empezar observando. Antes de reservar, pregunta a cada miembro de la familia qué le interesa y qué le preocupa. Explica esas diferencias al organizador con ejemplos sencillos. Será más útil saber cómo se siente cada uno que describir a todos como una «familia activa».

Habla de la participación antes de llegar

Pregunta cómo puede contemplar la sesión distintas preferencias, si es posible observar y cómo puede pedir una pausa un participante. Estas condiciones necesitan confirmación; no deben darse por hechas por la palabra privado. Incluye las edades de los niños y el número de adultos acompañantes. Los menores de trece años necesitan un adulto responsable y se recomienda participar desde los cuatro, aunque pueden valorarse niños desde los dos. Pregunta cómo se aplican estas pautas a la sesión propuesta para tu familia.

Calentar juntos antes de practicar sumo.
Calentar juntos antes de practicar sumo.

Buscad algo que aprender juntos

Una familia no necesita participar de forma idéntica para tener algo interesante que comentar después. Cada uno puede elegir una palabra de sumo para recordar o una pregunta para el instructor. Comparte el programa acordado con antelación para que nadie se sorprenda por la ropa, el entorno o las expectativas. Durante la visita, sigue las indicaciones del instructor y comunica claramente las dudas. Después, comparad qué observó cada uno. El recuerdo familiar más valioso puede ser un descubrimiento compartido, sin que todos hayan hecho exactamente lo mismo.

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